Viendo la reciente noticia de como la Corte Constitucional tumbó “la norma que establecía un monopolio rentístico de los licores destilados, violaba la libre competencia y la libertad de elección de los consumidores de aguardiente en los distintos departamentos del país”*, me parece un buen avance en beneficio del consumidor. Desde ahora, uno puede elegir entre diferentes aguardientes sin importar la región de origen, y esto creo que incentiva al productor a hacer su mejor versión en una botella ya que está compitiendo con los mejores en todo el país. Nadie debería estar condenado a beber el mismo destilado porque vive en cierto departamento.
Ahora, trayendo esta nueva realidad a lo que más me gusta: la cerveza, es vital hacer una pregunta que ronda mi cabeza por años y me quiero desahogar: ¿Los consumidores en Colombia tenemos variedad y libertad de elección en cervezas? La respuesta es un no rotundo. Basta con ver la carta de cervezas en la mayoría de los restaurantes para sentirse frustrado: siempre los mismos nombres, siempre las mismas opciones y sin espacio para la exploración de nuevos sabores y estilos. ¿Por qué estamos en este punto de ausencia de oferta cervecera?
Revisemos juntos el asunto.
Voy a diferenciar dos posibles fuentes de tener una oferta al consumidor de cerveza extensa: una son los importadores y otra son los productores nacionales.
Importadores: solo existe Bélgica.
En el caso de los importadores, el enfoque ha sido solo en un tipo de cerveza, en especial de Bélgica. ¡Ojo! Que sus cervezas son deliciosas, pero ¡el mundo está lleno de sabores! Además. la expedición del registro Invima es muy lento y algunas cervecerías requieren de cadena de frío para el transporte, resultado en producto costoso. Como resultado, menos variedad y precios que nos dejan la boca seca.
Producción local: La dictadura de la lager americana.
los grandes productores nacionales apuestan casi exclusivamente por un estilo de cerveza industrial que domina el mercado
Mientras tanto, las cervecerías artesanales enfrentan desafíos económicos y trámites engorrosos que limitan la variedad de sus productos. Esto dificulta mantener una oferta constante de cervezas variadas y de alta calidad.
El consumidor colombiano: Una cultura cervecera en desarrollo
Otro factor clave es que el consumidor colombiano sigue viendo la cerveza como una bebida para momentos sociales muy específicos: ver un partido de fútbol, compartir con amigos o acompañar un asado.
La idea de maridar una cerveza con la comida o explorar diferentes estilos sigue siendo ciencia ficción en el país, a diferencia de otros países con mayor cultura cervecera.
En definitiva, la cultura cervecera en el país está en pañales.
Si bien el panorama actual presenta muchas barreras, hay formas de impulsar el crecimiento de la oferta cervecera en Colombia:
Facilitación de trámites para importadores y productores: Es necesario agilizar los registros sanitarios y flexibilizar las normativas para fomentar la llegada de nuevas marcas, tanto extranjeras como nacionales.
Financiemos la creatividad: Programas de financiamiento para cervecerías artesanales ayudarían a que más emprendedores puedan ofrecer productos variados y de calidad.
Educación al paladar: La clave para cambiar la percepción de la cerveza es la educación. Espacios como catas guiadas, eventos de maridaje y mayor difusión de la diversidad cervecera pueden ampliar la visión del consumidor.
Diversificación en la oferta de bares y restaurantes: Los establecimientos gastronómicos deben atreverse a incluir más opciones en sus cartas, promoviendo cervezas que mariden con distintos tipos de comida y no solo las tradicionales industriales.
Así como se ha abierto la competencia en el mercado de los licores destilados, el sector cervecero también necesita un destape. El consumidor colombiano merece una mayor variedad y calidad en su elección de cerveza. Para lograrlo, es fundamental la eliminación de barreras regulatorias, el fortalecimiento de la producción local y una transformación cultural que lleve a la cerveza más allá de los contextos tradicionales de consumo.
El camino puede ser largo, pero con el esfuerzo conjunto de consumidores, productores, importadores y autoridades, podríamos ver en el futuro un mercado cervecero más vibrante, diverso y emocionante.
De todas formas quisiera dejar abierta la pregunta: ¿Qué más podemos hacer para hacer que exista un portafolio más amplio de cervezas?
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